En su última campaña de publicidad televisiva, la compañía aseguradora Liberty, pretende identificar su marca en momentos de crisis económica con las personas, y por tanto, con la apuesta por el empleo.
Pero además, hay que considerar que para las grandes empresas, las personas pueden ser un importante valor diferenciador, partiendo de que terminan renunciando por cuestiones económicas, muchas veces a la atención particularizada, mediante la centralización e implantación de servicios automáticos de atención al cliente.
Considerando la magnitud de las compañías aseguradoras, podríamos partir del prejuicio de su desinterés o dificultad para adaptarse al mercado. Pero, tal y como acredita este artículo publicado en Expansión, ante la reducción del negocio en el sector asegurador en época de crisis económica, la imaginación se ha apoderado de los departamentos de innovación de estas empresas, mediante el impulso de productos aseguradores que en otras épocas no generarían apenas interés en el mercado.
Es el caso del auge de los seguros de protección en caso de despido y de pago de la hipoteca. Pero también se han adaptado las condiciones comerciales de los seguros tradicionales. Así, la protección del hogar, la salud o la vivienda también se ponen al alcance de los desempleados, a través de las promociones lanzadas por distintas empresas. Por ejemplo, condonando el precio de una anualidad del pago de la póliza gratuita en el caso de encontrarse en situación de desempleo o de incapacidad temporal.
Sin perjuicio de la coyuntura económica, este tipo de políticas comerciales demuestran que el sector asegurador es tremandamente competitivo. La gran competencia obliga a ofrecer mejores productos, lo que beneficia indudablemente al consumidor.